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Matheson, Neville y el aislamiento social que produce monstruos


Editorial - Fuente: Alejandro Oya - 08/05/2020
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Nueva York. Una metrópolis con todos los inventos que la raza humana ha creado y mejorado. Un lugar donde viven y conviven representantes de todas las razas, credos y estilos de vida. Los rascacielos son tan conocidos como las casas más modestas. Un lugar que nadie, aunque viviera mil años, llegaría a conocer hasta el último rincón. Entonces, ¿por qué las calles están desiertas? ¿Por qué hay tantos coches, camiones y barcos abandonados? ¿Cómo han permitido que la naturaleza se adueñe poco a poco de la obra del hombre? No, la respuesta no es el coronavirus. Es otro virus más peligroso, fruto de una guerra bacteriológica que ha convertido a la humanidad en seres con las mismas características que los vampiros. Estamos en el año 1973 y vamos a asistir al nacimiento invertido de una leyenda: Robert Neville.

Buscando otros espejos en los que reflejar la realidad que nos toca vivir, he encontrado una de las obras más conocidas del escritor y guionista norteamericano Richard Matheson, autor de varios relatos de terror, fantasía y ciencia-ficción. Hoy vamos a hablar acerca de “Soy leyenda”, nos sumergiremos en el imaginario de su autor, reflexionaremos sobre los límites de la visión antropocéntrica y averiguaremos por qué y cómo ha sido llevada tantas veces a la pantalla, perviviendo entre varias generaciones hasta el día de hoy.

Advierto a todos los lectores que este artículo destripará contenido clave de la novela y de todas las adaptaciones cinematográficas. Como el que avisa no es traidor, sois libres de seguir leyendo o no, pero deberéis ateneros a las consecuencias. Si ya habéis entablado contacto con el contenido, tal vez descubráis algo que no habíais apreciado; si aún no habéis tenido la ocasión, no os ofusquéis por encontraros la historia destripada y enfrentaos a la desconcertante misión de comprender el sentido de la parábola sin haberla oído previamente.


CAPÍTULO I: LA PERVERSIÓN DEL HÉROE

En “Soy leyenda”, Richard Matheson da una vuelta de tuerca a la clásica historia del último superviviente de un cataclismo y su lucha por salvaguardar su vida de los monstruos que le acechan. Pero Robert Neville no es un héroe, no tiene ninguna razón para seguir con vida, salvo la idea de no morir como alimento para los vampiros. Su día a día transcurre entre rutinas desagradables: arreglar las fisuras de su casa causadas por las criaturas, matar a todas las que encuentra por la ciudad mientras duermen y emborracharse para aliviar el dolor físico y mental que le consume. Es cuanto le conceden las escasas 12 horas de sol durante las que puede salir al exterior.

Neville experimenta las fases y las consecuencias del aislamiento. El odio hacia los seres de la noche le consume poco a poco. La soledad le priva paulatinamente de los rasgos civilizados. Los recuerdos de su vida pasada, con una esposa y una hija, son hojas al rojo vivo que le atraviesan la mente y le empujan hacia el abismo de su propia psique. Si los vampiros no acaban con él, puede que encuentre una forma fácil de morir. El único que puede decidir si debe luchar o rendirse es él mismo. Estas son las consecuencias a las que se enfrenta el ermitaño: convertirse en un lobo que devora cuanto le rodea y perecer solo cuando el invierno u otra amenaza le acecha.

Matheson escoge como protagonista al ciudadano medio, un hombre que trabaja en una fábrica, para quien la vida queda limitada entre su familia y las implicaciones de su trabajo, que no gozará de gran ventaja sobre los vampiros. Cuando se quede completamente solo en el mundo, deberá hacer acopio de valor para sobrevivir de día y de noche, llegando a despertar sus instintos más primitivos. Este es uno de los temas recurrentes en la obra literaria y cinematográfica del autor: el resurgimiento de las habilidades de supervivencia del hombre adormecidas por la sociedad moderna. El instinto animal domado necesita aflorar para enfrentarse con bestias. Pero Neville cae una y otra vez en los instintos bajos (hambre, apetito sexual, ira…) cuando menos lo espera, haciéndole comprender cómo debía sentirse Sísifo al ver caer la roca cada vez que llegaba a la cima. Lo poco que aprende Neville de cada experiencia, idea, fracaso y pequeña victoria, le llevan siempre a un callejón sin salida.

A medida que avanza la historia, Neville supera emboscadas y enfermedades, investiga sobre el origen del germen del vampiro y llega a albergar esperanzas cuando descubre un perro abandonado sin signos de contagio. Pero todas sus acciones se hunden en algún momento, por frustración, recaídas, conflictos mayores o el inexorable paso del tiempo. Nada de lo que Neville hace repercute en el entorno hostil que le rodea. No tiene manera de saber lo que ocurre fuera de la ciudad ni puede investigarlo por su cuenta por las insuficientes horas de sol. Mata a los vampiros con apatía y frialdad. Solo le sirve para seguir vivo un día más. El futuro ya no existe.

A partir de aquí desvelaremos parte del desenlace. A pesar del triste sino de Neville, el elemento más inquietante nos lo depara el último y aterrador descubrimiento: existe un número de infectados que se han convertido en un nuevo eslabón de la cadena evolutiva. En lugar de buscar una cura definitiva, han aprendido a paliar los efectos del virus y creado una nueva sociedad que funciona como alternativa a la vieja vida humana y la de las bestias sin cerebro y con sed de sangre. Ellos son la mayoría, la nueva raza dominante, quienes viven unidos bajo un nuevo orden. Neville es ahora la amenaza, el diferente, el que no vive conforme a la nueva ley. El virus ha vencido, él no es más que un error de la Naturaleza. Y su ira cegada por todo lo que representan los vampiros para él, lo ha transformado en alguien peor que ellos. Para estos nuevos eslabones de la cadena evolutiva, Neville es el “matador de vampiros”, el nuevo hombre del saco, el monstruo que viene a llevarse a quienes se portan mal mientras duermen, el conde Drácula de la nueva raza.

Neville no tiene nada de heroico, es un don nadie que tuvo la suerte de no infectarse gracias una dolencia propia que se nos revela hacia el final de la historia. Aun cuando albergaba esperanzas de curar a los infectados, no logra ninguna proeza digna del último representante de quienes fueron amos del mundo. Tiene más valor como alimento o amenaza para los vampiros. De ahí el significado del título de la novela: Neville es una leyenda, no para la raza humana, sino para los nuevos vampiros. Cuando pensamos en la palabra “leyenda”, suele venir a la mente una historia fascinante, increíble y heroica, pero también existen leyendas oscuras, de monstruos que devoraban doncellas, de asesinos que mataban a sangre fría en fechas especiales. Esta es una de ellas.


CAPÍTULO II: SALTOS AL CELULOIDE

Hasta la fecha, tres son las adaptaciones cinematográficas de esta novela:
- The last man on Earth (1964). Directores: Sidney Salkow y Ubaldo B. Ragona. Reparto: Vincent Price, Franca Bettoia, Giacomo Rossi Stuart
- El último hombre… vivo (The Omega Man, 1971). Director: Boris Sagal. Reparto: Charlton Heston, Anthony Zerbe, Rosalind Cash
- Soy leyenda (I am legend, 2007). Director: Francis Lawrence. Reparto: Will Smith, Alice Braga, Dash Mihok

Cada nueva adaptación surge de las incertidumbres de su tiempo o del pensamiento de los urdidores (director, guionista, productor). Por lo tanto, cada cual analiza a Robert Neville desde distintos prismas a pesar de contar la misma historia. Nos centraremos en la composición de Neville como personaje, cómo es el ambiente en el que vive y qué ideas trata de transmitir la película.

Mientras la versión protagonizada por Price se limita a adaptar el texto integral de la novela con cambios poco significativos, la versión de Charlton Heston toma la temática principal y la moldea completamente para crear una historia diferente. En cuanto a la de Will Smith, describe mucho mejor la soledad y la frustración del personaje (gracias al gran trabajo actoral del protagonista), pero no logra convertirse en una película de género, probablemente porque el guion no sabe combinar las novedades con los elementos clásicos de la novela para conformar una historia comprensible, coherente y entretenida. Veámoslas un poco más de cerca:


LA VERSION DE VINCENT PRICE

En la primera de todas, Vincent Price no es la mejor encarnación física de Neville pero sí una de las mejores voces en off que han acompañado jamás a una historia introspectiva. Debemos tener en cuenta que esta historia fue llevada al cine 10 años después de la publicación de la novela, lo cual nos hace saber que fue un proceso largo, que pasó por varios cambios antes de terminar la preproducción. Además, el primer borrador fue escrito por el propio Matheson, pero varios de los elementos controversiales (el alcoholismo de Neville, las escenas más violentas…) influyeron a la hora de reelaborar la historia para realizar una película que pudiera pasar la censura de países como Gran Bretaña.

El guion recoge los pasajes más importantes del libro y algunos de los elementos más recordados: la caza rutinaria, el episodio del perro, los recuerdos de su pasado, la visita de la misteriosa mujer poco antes del final… No es de extrañar que sea la favorita de muchos lectores de la obra, quizá porque las demás versiones no le han hecho demasiada justicia. En esta, los vampiros no son tan terroríficos como los clásicos de Hammer, sino unos prototipos de los zombies que George A. Romero despertará poco después en “La noche de los muertos vivientes” (“Night of the living dead”, 1968). En resumidas cuentas, estamos ante una obra que cuenta todo lo que ocurre en la novela, con las ventajas y desventajas que conlleva ser demasiado fiel al material de trabajo. ¿De cuáles estamos hablando? Si realizas simplemente una traslación de la historia completa a un medio diferente, a los lectores del libro no les cuentas nada nuevo y a los que no la han leído aún, les fastidias la lectura, puesto que no encontrarán nada nuevo cuando acudan al material fuente. El resultado es una película entretenida, que aprovecha los limitados medios de los que dispone y se conserva en la mente del espectador como una de esas historias de “The twilight zone” que nos hace pensar qué haríamos nosotros si nos ocurriera lo mismo que al personaje principal. La incertidumbre y el miedo siguen haciendo mella gracias a estas historias.


LA VERSION DE CHARLTON HESTON

Esta versión convendría ser analizada al margen de la novela para comentar sus aciertos y puntos fuertes, debido la escasísima fidelidad al material original, no tan solo en la trama sino en el trasfondo deconstructivo, sustituido por un discurso crístico un poco desavenido. Dejaremos el análisis para otra ocasión y nos centraremos en los cambios realizados y la identidad de la película resultante. El guion prescinde del tema del aislamiento social (Neville permanece solo durante únicamente 25 minutos) para hablar de temas clave en la década de los 70: los grupos de fanáticos de las urbes, el miedo a las catástrofes nucleares, la necesidad de convivencia entre miembros de diferentes razas y comunidades… El grupo de supervivientes que encuentra Neville está formado por personas de diversas edades, estamentos sociales, profesiones y razas. Mientras que los seres de las sombras son todos de piel albina y visten la misma indumentaria. Los humanos y Neville conservan obras y herramientas científicas y artísticas, tanto para sobrevivir día a día como para conservar el legado humano que los otros quieren destruir.

En esta versión, los vampiros bebedores de sangre, aunque tampoco pueden salir a la luz del sol, son tan solo un grupo de fanáticos, una secta oscurantista vestidos con unos atuendos que recuerdan a los del Ku Klux Klan. Esa es la mejor metáfora para describir a estos seres abominables, ya que quieren destruir toda la labor de los humanos, se esconden del mundo exterior y no aceptan nada que provenga fuera de su círculo familiar (no en vano se hacen llamar La Familia). Aunque vivan en comunidad, lo hacen aislados del mundo exterior, encerrados entre sus paredes, ignorando o rechazando todo cuanto acontece fuera de ellas. Este detalle resulta interesante, puesto que, en este caso, son ellos las víctimas del aislamiento social. Neville ha podido sobrevivir durante un tiempo, pero como lo ha hecho solo, recobra una parte de sí mismo perdida cuando encuentra a otros humanos como él. Asimismo, deja de ser un marginado social y se convierte en el salvador de su raza cuando emplea su propia sangre inmune para elaborar un antídoto para sus amigos infectados. Digámoslo así: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Juan 6, 54). De este modo, se convierte en un símbolo de esperanza. Tal vez por eso la película ha sido más recordada que otras obras catastróficas y apocalípticas de la misma época. Finalmente, nos quedamos con una adaptación literaria floja y una película correcta que supo hablar acerca de los temores que perturbaban la mente de los espectadores de su tiempo.


LA VERSION DE WILL SMITH

Esta tercera adaptación fue todo un calvario de preproducción. Desde los años 90 se hablaba de que Ridley Scott, director de “Blade Runner”, podría realizar su propia versión, y que estaría protagonizada por Arnold Schwarzenegger, actor experimentado en interpretar a héroes y antihéroes de sociedades distópicas, como demuestran sus papeles en “Perseguido” (“The running man”, Paul Michael Glaser, 1987) y “Desafío total” (“Total recall”, Paul Verhoeven, 1990), basadas respectivamente en relatos de Stephen King y Philipp K. Dick. El proyecto se estancó hasta que vio la luz en 2007, dirigido por Francis Lawrence y protagonizado por Will Smith, quien ya contaba con experiencia en matar criaturas extrañas en “Independence day” (Roland Emmerich, 1996) y “Hombres de negro” (“Men in black”, Barry Sonnenfeld, 1997). Con esta idea, podríamos pensar que la película debe ser un mero entretenimiento para las masas, pero no es así: vista como una película de intriga, es un buen ejemplo de thriller íntimo, donde el entorno desolado es un personaje más y el protagonista carga con todo el peso de la historia. Lamentablemente, las virtudes de interpretación y diseño de producción no se complementan con las del guion. La historia de la novela queda opacada por la “necesaria” actualización, la evolución del personaje es más circunstancial que psicológica y sus posibilidades no se exploran lo bastante para dotar al guion de una historia lo bastante atrayente. La labor más importante es la del actor protagonista, que pasa más de una hora solo, lo que permite mostrar muchas de las fases por las que pasa el Neville de la novela.

Hay un dato que debemos conocer, no como mera curiosidad, sino para darnos cuenta de los muchos cambios que puede sufrir una producción, incluso durante la filmación, y cómo pueden mejorar o empeorar el producto final. En esta última adaptación existen dos desenlaces diferentes. El original, a pesar de los cambios pertinentes, conserva el mensaje de la novela: los vampiros asaltan la casa de Neville, él se defiende, pero cuando el macho alfa le hace una señal con la que le hace saber que tiene conciencia, se da cuenta de que le pide que le entregue a la vampiresa con la que ha experimentado, pues es su compañera. Neville, avergonzado y vencido, la devuelve, no sin sentirse como un monstruo por haber dado caza a seres que han conservado más rasgos humanos que él mismo. Después, se marcha con Anna y Ethan (la mujer y el niño que le encuentran), en busca de más supervivientes, dejando un final abierto pero esperanzador. En la versión estrenada en cines, Neville encuentra una cura efectiva, esconde a Anna y Ethan en lugar seguro y se autoinmula con una granada para acabar al mismo tiempo con los vampiros. Al amanecer, la mujer y el niño llegan a una colonia de supervivientes, donde entregan el antídoto y cuentan la historia de Neville, convirtiéndolo en una leyenda luminosa para la supervivencia de la Humanidad. Personalmente, prefiero el primer desenlace, porque encaja mejor con la novela original y contrasta mejor la evolución del personaje: primero es un científico obsesionado con acabar con los vampiros, sin más compañía que la de su perra Sam, y termina reconquistando al hombre que fue tiempo atrás, olvidando el rencor que le ha carcomido durante años a causa del miedo y el aislamiento.


CAPÍTULO III: ¿QUÉ HARÍA ROBERT NEVILLE?

El objetivo que me ha llevado a reseñar esta historia era el de encontrar un espejo para el tiempo presente. Quizá me haya excedido hablando de tantos temas: las consecuencias nocivas del aislamiento, las posibilidades de la llegada del fin del mundo, un cambio drástico que obliga a la sociedad a cambiar radicalmente… Pero tenía muchas ganas de hablar de esta novela, que me ha acompañado durante mucho tiempo y que se ha convertido en todo un referente para un lector que aún no ha leído suficiente ciencia-ficción ni novelas acerca del fin del mundo. Quizá este sea un buen momento, porque las historias sobre pandemias y enfermedades mortales se van a poner de moda durante los próximos meses, hasta que la gente empiece a cansarse de oír hablar del mismo tema dentro y fuera de la ficción. ¿Por qué? Porque nuestra búsqueda de respuestas y ansia de conocimiento nos empuja hacia horizontes inexplorados que podrían contener la clave para comprender algo incomprensible. La literatura y la ficción pueden contener ideas que en el mundo real no han podido desarrollarse.

Hay una pequeña moraleja en muchos de los cuentos acerca de cualquier peligro inminente o futuro inevitable: una forma de evitar lo peor es imaginarlo. En esta idea se basan muchos cuentos transmitidos de generación en generación, cuya misión es la de advertir sobre hechos y acontecimientos inminentes, posibles o inevitables. ¿Qué haría una niña si se encontrase un lobo camino del bosque? ¿Qué harían unos hermanos que conocen a una mujer con una casa llena de dulces y chocolates? ¿Cómo reaccionaríamos ante la llegada de unos seres del espacio cuyas intenciones desconocemos? ¿De qué modo sobreviviría el último hombre en una tierra poblada por vampiros?

Una forma de enfrentarnos a nuestros miedos es imaginarlos y analizarlos. Si el aislamiento social es lo que nos convierte en monstruos, pero hemos de estar confinados indefinidamente, necesitamos conocer de antemano la misma situación para estar preparados, para pensar cómo conservar nuestras habilidades sociales y rasgos humanos, y así sobrevivir a la angustia. Lo que destruye a Neville no es solo la soledad, sino la forzosa sensación de impotencia, de ser incapaz de cambiar nada a pesar del esfuerzo, de no tener a nadie con quien compartir su congoja. Esta es la cara oscura del aislamiento. Puede que alguien ya haya pensado en esto durante las últimas semanas.

Si Matheson llegó a tener tantos lectores y fue tan admirado en el medio literario y el cinematográfico, se debió a su excelente capacidad para condensar en un volumen delgado de páginas o un solo rollo de celuloide historias que harían temblar a cualquier lector o espectador medio. ¿Por qué? Porque saben que podrían verse cualquier día en las situaciones presentadas. No en el fin del mundo poblado por vampiros, sino en medio de una catástrofe que les obligará a despertar instintos adormecidos que también podrían acabar con ellos si no los canalizan bien. El monstruo comienza donde termina el hombre, pero solo el fuego es tan fuerte como el fuego. Aún conservamos nuestro instinto de supervivencia, aunque yazca bajo un profundo sopor. Lo necesitamos para sobrevivir, pero no lo podemos emplear para vivir como bestias. Cada nuevo eslabón alarga la cadena, pero también la hace más pesada. La clave está en saber hasta dónde podemos llegar y soltar lastre cuando tengamos que hacerlo.

Afortunadamente para nosotros, sabemos que no terminaremos como esos terribles seres, pero la batalla entre dos fuerzas adversas ya ha comenzado. Estamos inmersos en un combate que nos ha llevado a cambiar temporalmente el estado del mundo. Hemos hablado previamente de historias acontecidas durante otras pandemias (la peste de Atenas y la peste negra) y destacado el papel de la ficción como espejo, recuerdo, reflexión y apoyo durante tiempos oscuros. Quizá no hallemos el antídoto en ellas, pero nos ayudarán a conservar los pensamientos, sentimientos y actos que cuidarán de nuestra alma cuando nuestro cuerpo esté a salvo.

Oscar Wilde expuso que, movidos por la naturaleza imitativa de nuestra especie, llegamos a imitar más a la ficción imaginada que a la vida conocida. En sus propias palabras: “la vida imita al arte más que el arte a la vida”. Haciendo uso de su agudo sentido del humor, con el que podía encontrar la ironía en las desgracias más terribles, podemos imaginar que este desdichado acontecimiento ha surgido de la mente de Richard Matheson. Estamos viviendo en una historia escrita por él. Lo cual, por muy paradójico que nos parezca, nos ofrece una ventaja: sabemos cómo acabará la historia. Pero aún no hemos llegado a la última página. Los giros de guion también existen en la vida real.

Imagen: Fotografía de Richard Matheson y portada de su novela


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