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Acerca de las librerías


Editorial - Fuente: Alejandro Oya - 09/05/2020
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Leer: “Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados”. Esta es la definición de la Real Academia. Siguiente acepción: “Comprender el sentido de cualquier representación gráfica”. Este es el uso de expresiones como “leer un plano” o “leer una partitura”. Esta es una de las más importantes: “Entender o interpretar un texto de determinado modo”. Esta definición aborda la importancia del lector, las diversas interpretaciones del mismo texto y nos recuerda que la misma idea puede desarrollar pensamientos dispares. Y esta es una de mis favoritas: “Descubrir por indicios los sentimientos o pensamientos de alguien, o algo oculto que le han hecho o sucedido”. Esta es la lectura más difícil, importante y profunda.

Se adquiere con práctica y mucha lectura. Al final, lo que hemos leído nos convierte en otras personas. Aprendemos a leer con más atención, a observar con más profundidad, a ver más allá del texto. Al convertirse una persona en lector, no deja de cultivar el hábito de la lectura durante toda su vida. Puede tener altibajos, cambios de gustos y preferencias, pero formará parte de su identidad. Leerá por trabajo, por la sed de conocimiento, por ocio, por necesidad de evasión… Cada lector tiene su propia biblioteca. Y sus librerías favoritas.

Las librerías han sido algunos de los primeros negocios fuera del ámbito alimenticio y sanitario que han comenzado a abrir durante esta última semana. No por cumplir con todas las medidas mínimas de seguridad (que también) sino por la presión de los gremios de libreros de España. Las librerías y bibliotecas forman parte de los espacios que contienen un universo propio, abierto a todo el mundo, pero se siente dejado si no hay gente que quiera leer todos esos libros. Si el gobierno no aporta la ayuda necesaria, los libreros tienen que tomar las riendas de su negocio. Porque eso es lo que son, al fin y al cabo.

Mucho antes de que comenzara la fase de desescalada, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías (CEGAL) tomó una iniciativa colectiva para hacer frente al inminente cierre de locales y las consecuentes represalias económicas. Bajo el nombre de “Apoya a tu librería”, el gremio comenzó una campaña para que los lectores y clientes apoyaran a sus librerías a través de cheques regalos canjeables al final del confinamiento. Mediante el registro en la plataforma Todostuslibros.com, donde ya han quedado registradas todas las librerías españolas, cualquier individuo, artista, asociación o distribuidora puede enlazar con el portal para colaborar en la iniciativa. Cabe decir que, a pesar de que la campaña ha nacido como “alternativa” al cierre, los motivos que mueven a los “mecenas virtuales” es la idea de que las librerías son espacios necesarios, saludables, culturales y necesarios para una sociedad en la que se valora tanto el alimento anímico y la evolución cognitiva como la responsabilidad social y el deber personal.

Siguiendo las normas dictadas por el Estado, las librerías vuelven a abrir con restricciones: solo pueden vender pedidos online que los clientes recogerán en la puerta de entrada a una hora acordada. Cada comprador debe pedir cita previa para ir a la librería, recoger los libros en la entrada y marcharse. Cualquier actividad colectiva queda cancelada, a excepción de las que puedan realizarse telemáticamente, como conferencias y lecturas de escritores. Ahora que todas las Ferias del Libro y el Día de Sant Jordi han quedado cancelados o pospuestos, cualquier actividad en línea o un contacto cercano, que no directo, con nuestro librero. Solo unos pocos establecimientos han logrado pasar a la fase 1, que permite abrir el local y dejar entrar a un número limitado de clientes, siempre ofreciendo materiales que les aísle del contagio (mascarillas, guantes, gel desinfectante, distancia de 2 metros, mamparas de metacrilato en la caja, etcétera). Por muy pequeño que sea, es un paso importante.

Pero ¿qué es más importante? ¿Volver a nuestra librería favorita para ayudar a levantar el negocio al tiempo que adquirimos nuestras obras favoritas en ediciones especiales? ¿O seguir leyendo desde nuestra casa para evitar aglomeraciones con las que nos arriesguemos a prolongar los contagios? Acabamos de empezar con la regeneración y no podemos ir muy deprisa. Habrá menos personas dentro de una librería que en las zonas donde se puede salir a correr o en las grandes plazas y avenidas, donde se concentraba la población cuando el permiso para salir unas horas al día fue aprobado. Tal vez sería mejor considerar la posibilidad de acudir de nuevo a nuestras librerías con el mismo criterio que ir al supermercado o a hacer deporte: un día concreto durante solo una hora. Evitaremos focos de contagio y solo estaremos fuera el tiempo necesario. De modo que sí podemos salir, retomar algunas costumbres y prepararnos poco a poco para recuperar los espacios públicos, pero con moderación, como dicen los expertos.

Hoy he divagado bastante con el asunto de la reapertura de las librerías. Pero quería resaltar este pequeño paso hacia la renovación. Para alguien como yo es una buena noticia, pero no dejo de temer que pueda afectarnos negativamente si no seguimos las medidas de precaución. Por un lado, me alegro, ya que veo en las librerías un pequeño rincón paradisíaco sin el cual yo no sería el mismo. Por el otro, sé que aún no podemos cantar victoria, no debemos dormirnos en los laureles. A pesar de todo, que las librerías hayan sido de los primeros negocios en volver a abrir, hace que recupere una porción de fe en la humanidad. Sigue habiendo personas que ven ellas algo más que una tienda de libros.

Una ciudad con las librerías cerradas es como un bosque con la mitad de los árboles talados. Nos faltaría belleza, rincones donde refugiarnos y hogares para las pequeñas criaturas que viven a nuestro alrededor, aunque no podamos verlas. Para ello, tenemos que aprender a ver más allá de lo cercano, como a leer más allá del texto. Para aprender a leer en el sentido de mi acepción favorita, hay que leer entre líneas, entre miradas y entre horizontes. Y eso no lo encontramos en una página de papel o una pantalla. Al igual que nuestro regreso a las costumbres interrumpidas, nuestra forma de leer también ha de pasar por fases. Pronto deberíamos pasar a la siguiente.


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